miércoles, 29 de julio de 2009

lunes, 27 de julio de 2009

Fin

No lo demostráis, cada uno por vuestro lado y os da igual. No necesito que nadie me salve, no quiero que nadie me cure. Cada uno. Fallos y decepciones y es que todos sois iguales.
Quiero abrir mis alas, las que he reparado con celo y mucho chicle, y echar a volar. Lejos. Sin nadie.

Dejar todo atrás.

Galleta de la verdad: Tus sueños están a tu alcance y de ti depende que se hagan realidad.




sábado, 25 de julio de 2009

Aventúrate.

Siempre te perdoné porque antes era fácil, cuando quieres a alquien lo perdonas sin más. Pero ahora que mi amor está tan deteriorado, ahora que los champanes me saben a aguarrás, no quiero verte cerca del culo de mi vaso, lo más cerca de mi casa el ascensor, no quiero verte cerca de mi nariz de payaso. No seré más tu saco, tu felpudo, tu bufón.

Si miro atrás, nada de lo que veo sobre ti me gusta. Eres como una de esas camisetas que te ha regalado algún familiar y que es odiosa(siendo benevolentes) pero que no la tiras, de hecho alguna que otra vez te la pones, porque crees que es tu obligación moral. Que el karma te ha unido a esa camiseta y que si te deshaces de ella las cosas no serán iguales. Irán a peor.
Después de muchos años de llevar ropa que no me gusta, creo que merezco comprarme lo que quiera, ¿no? Y si quiero ir desnuda, pues iré desnuda. Já.





Galleta de la verdad: Se acerca el momento que temes, pero no des marcha atrás, tendrás éxito si dejas que la honestidad de tu mente te guíe.

viernes, 24 de julio de 2009

No te asustes.

A veces miras a tu alrededor y lo que ves no te gusta. No te gusta porque no ves nada de lo que había antes y eso te asusta mucho. Entonces, cierra los ojos y recuerda. Vuélvelos a abrir.
Todo cambia. A veces para mejor, sólo tienes que aprender a verlo.



Galleta de la verdad:
Cuanto más dura esté la mantequilla, más blanda es la tostada.

viernes, 10 de julio de 2009

LOST

H: ¡Bienvenidos al primer, y esperemos último, Open de la Isla! Hay dos hoyos, por ahora, par tres y sin esperas.
J: Hurley, ¿has construido... un campo de golf?
H: Los estúpidos ricos vuelan a las islas tropicales para darle a las bolas todo el tiempo.
M: Todo lo que tenemos que soportar, tío... ¿y esto es en lo que has estado malgastando el tiempo?
H: Tíos, escuchad. ¡Nuestras vidas apestan! ¡Tenemos los nervios a flor de piel! Estamos perdidos en una sila, huyendo de jabalíes y monstruos... ¡de putos osos polares!
M: ¿Osos polares?
C: ¿No te contaron lo del oso polar?

H: ¿Seguro que está inconsciente?
J: Seguro.
H: ¿Cómo sabes que no se despertará cuando le saques eso?
J: No lo sé.
H: ¡Eh, tío! ¿Estás despierto? ¡Eh! Un avión de rescate, estamos salvados. ¡Yuuuuuujuuuuuuuuuu! (pausa) Sí, está inconsciente.

jueves, 9 de julio de 2009

Probando.

Sólo queda una vuelta más hasta llegar al claro al final del camino, ¿me acompañarás, lector constante?


Largos días y gratas noches.

miércoles, 8 de julio de 2009

S


Cónformate con lo que te ha tocado. Hazlo lo mejor que puedas pero no pidas más. No hay más. Nada más fuera de lo que ves dentro de ti. Y tampoco sigas consejos, los consejos son para gente perdida. Y no.

domingo, 5 de julio de 2009

Algo fugaz.

Miró a través de la ventana abierta. El verde del prado la acogió con deslumbrante color, demasiado intenso. Alzó la mirada al cielo, en busca de alguna nube, pero solo encontró el sol y la inmensidad del firmamento, demasiada luz. Cerró la ventana y corrió las cortinas. Aún así el día llenaba la habitación.
Le dio la espalda con incontrolable frustración y se alejó hasta el sofa, donde se dejó caer hundiendo la cara entre los cojines. Cerró los ojos con fuerza, intentando no ver ni el más mínimo rastro de luminosidad. Y trató de dormirse, dejándose llevar por un ligero sopor.
Oyó, a lo lejos, como abrían la puerta de su habitación. No oyó los pasos del ser que se había colocado frente a ella, ni siquiera su respiración. De hecho no había respiración. Pero solo tuvo que aguzar un poco el oído para escuchar sus latidos. Caleb. Dejó escapar un largo suspiro. Sabía que él estaba sonriendo.
-No puedes quedarte aquí. Ahí fuera hay todo un mundo-su voz, casi tan entonada como una canción, resonó contra las paredes traspasando el muro de cojines que ella había elevado a su alrededor.
En ese momento pensó en lo estúpido que era al hablar siempre con esa entonación. Se quedó quieta, en tensión. Era un mentalista, podía leer los pensamientos. Suspiró al notar el anillo en su dedo anular, el anillo que protegía su mente de cualquier invasión. Volvió a tranquilizarse, su corazón se relajó, pero siguió sin levantar la cabeza ni abrir los ojos.
De pronto sintió su roce en el brazo. Frío. Hielo. Le recorrió un escalofrío. Ya podía aprender a modular su temperatura, pensó mientras retiraba el brazo con deliberada brusquedad y alzaba la cabeza entre los cojines. Los mechones blancos cubrieron su rostro, enroscándose unos entre otros. Parpadeó varias veces, demasiado luz de nuevo.
Él la observaba con su habitual, y casi tan eterna como él, media sonrisa. Ella hizo una mueca al ver su infinita paciencia, todos los días igual.
-No puedes quedarte aquí-dijo como si no lo estuviera repitiendo.
-No me agobies. Dos minutos y salgo a entrenar.-acto seguido hundió de nuevo la cabeza entre los cojines.
-Ya no vas a entrenar más. Ya has terminado, Naia.
Las palabras flotaron en el aire. Una a una se fueron clavando en la mente de Naia, hasta que esta las asumió y saltó del sofa. Se irguió frente a Caleb, estirándose para llegar al menos hasta su barbilla. Maldijo una vez más pertenecer a la rama más pequeña de los elfos. En ese momento no recordó, o no le importó, llevar aún la ropa de dormir, demasiada piel oscura se veía a través del camisón.
-¿Qué has dicho?-su voz le sonó extraña al salir de sus labios, demasiado emocionada.
-Has terminado, ya estás lista-Caleb ensanchó la sonrisa-. Date prisa, ponte ropa más apropiada y estaremos abajo esperándote.
Se dio la vuelta y, tan rápido y silencioso como había entrado, salió dejando a Naia plantada en medio de su habitación con los ojos abiertos como platos.

viernes, 3 de julio de 2009

L



Somos libres. Libertad. Poder hacer lo que queramos, ir donde queramos, invertir nuestro tiempo en lo que queramos. O casi. Somos libres. Increíble pero al final este mes pasó y ahora ya nada puede separarnos. Y cuando estamos separados, nos buscamos. No podemos evitarlo, es como una atracción que nos impulsa a salir corriendo el uno hacia el otro. Aunque muchas veces me queje de lo empalagoso que eres, si no lo fueras, no te querría tanto, no serías como eres y esto no funcionaría. Pero funciona. Funciona porque encajamos perfectamente, porque al estar juntos se oye es clic de la última pieza del puzzle que revela su auténtico dibujo. Así era yo. Un puzzle a medio completar sin tin. Una imagen algo borrosa, se podía intuír la silueta de algo, pero no se sabía muy bien que. Y ahora esta completo, todo claro. La imagen de mi vida es una foto nuestra. A veces me paro a pensar y me da miedo, me da miedo que nuestras vidas estén unidas por un hilo y que si éste se rompe ambos caeremos al fondo, sin luz, y el uno sin el otro, no podremos salir. Pero me tranquiliza saber que ese hilo esta hecho de adamantium. Que nada ni nadie puede romperlo, ni siquiera nosotros mismos.
Podría estar horas y horas dándote las gracias porque motivos no me faltan. Desde todo tu inmenso amor hasta tu infinita paciencia cuando intento aparcar. No lo voy a hacer, porque creo que ya sabes que agradezco cada mínimo detalle de tu parte, de hecho, bebo de ellos. Y son las pequeñas cosas, las que haces, las que no haces, lo que dices y lo que te callas. Son las pequeñas cosas las que te hacen tan gigante para mí. Si tuviera que definirte en tres palabras, como yo te pedí una vez que hicieras tu mismo, serían las tres que te dije hace unos días; Luz, Amor y Fuerza. El único que consigue llenarme de ilusión con solo una mirada.
+Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo, pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mí me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos... Cuando los aviones se estrellaron contra las torres gemelas, que yo sepa, ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a bordo fue de odio y venganza. Todas fueron mensajes de amor. Si lo buscarais, tengo la extraña sensación de que descubriríais que el amor en realidad, está en todas partes.

miércoles, 1 de julio de 2009